El milano real (Milvus milvus) es una de las rapaces fácilmente distinguible en vuelo, especialmente en invierno, cuando no comparte territorio con su congénere, el milano negro, especie migratoria solo presente en la época estival. La silueta de ambos destaca por su cola ahorquillada, aunque el milano real presenta unas manchas alares blancas y tonos rojizos, casi dorados, inconfundibles.
Según el Atlas de aves reproductoras del parque en la Comunidad de Madrid ocupa toda la franja serrana y se extiende hasta el este y determinados puntos del sur actualmente. Está vinculado a zonas boscosas de las altitudes medias siendo un ave forestal durante la época de cría, por lo que frecuenta los bosques de coníferas, caducifolias o mixtas.
En el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama no es una especie abundante en época reproductora. Las observaciones registradas en la realización del atlas probablemente correspondan a individuos en dispersión, divagantes o en vuelos de prospección por las zonas de puertos de montaña y zonas abiertas. En los trabajos de campo, se ha detectado con mayor frecuencia en torno a los puertos de la Morcuera y Navacerrada, además de los territorios de cría bien establecidos desde hace años en el valle de Lozoya.
En la Comunidad de Madrid es una de las rapaces más habituales de observar, tanto en zonas forestales como en las zonas periurbanas, por lo que su categoría de protección a nivel nacional a menudo choca con la sensación de ser un ave abundante. Lo cierto es que su situación sigue siendo muy frágil, estando en vías de extinción en el tercio sur peninsular, con presencia muy escasa en zonas de Extremadura y Castilla La Mancha. Afortunadamente, a pesar del gran declive que sufrió en la primera década del siglo XXI, su tendencia actual parece mostrar una mayor estabilidad, con poblaciones en expansión en el centro y norte peninsular.
El milano real continúa siendo especialmente sensible a multitud de amenazas como el envenenamiento, la intoxicación por rodenticidas que se usan para el control de plagas de topillos, las electrocuciones o la falta de presas como el conejo, especialmente en el tercio sur peninsular, por lo que su estatus en la máxima categoría de protección de la fauna española, de momento, parece estar justificado.


