El tejón en la montaña mediterránea

El tejón es el mustélido de mayor tamaño de la península ibérica. Su aspecto robusto, aplanado y su pelaje con largas cerdas grisáceas, le dan el aspecto de una alfombra andante. En la sierra de Guadarrama los tejones presentan en otoño una gran actividad, acondicionando sus tejoneras y alimentándose de manera frenética, con una dieta omnívora basada principalmente en lombrices, insectos, frutos, carroña y pequeños vertebrados que le proporcionan reservas en modo de grasa corporal para afrontar los tres meses de invierno.

A diferencia de otras regiones peninsulares donde la especie está muy fragmentada, el parque nacional presenta poblaciones relativamente abundantes, especialmente en los ecosistemas de menor altura como los rebollares y las zonas de fondo de valle. De hecho, en la Comunidad de Madrid, si excluimos el área de la sierra, es una especie relativamente escasa.

En la zona mediterránea el celo del tejón se produce entre los meses de marzo y agosto, abarcando la primavera y gran parte del verano. Al igual que otras especies mostradas en esta sección de videoblog-CISE como el corzo o la garduña, el tejón presenta implantación diferida o diapausa embrionaria. Aunque los tejones se apareen en primavera o verano, el óvulo fecundado no se implanta inmediatamente en el útero de la hembra. El desarrollo del embrión se detiene en la fase de blastocisto durante varios meses. La verdadera gestación, que dura unos 65 días, se reactiva de manera tardía gracias al fotoperiodo en otoño, logrando que los partos se retrasen estratégicamente hasta pleno invierno, garantizando que los cachorros nazcan protegidos dentro de las tejoneras durante los meses más fríos, comenzando a salir al exterior en primavera, cuando la disponibilidad de alimento en forma de lombrices, insectos y frutos es mayor.

Aunque en la sierra de Guadarrama sea una especie relativamente abundante no significa que esté exenta de amenazas. En los ecosistemas mediterráneos, el tejón se enfrenta a las consecuencias del cambio climático con sequías prolongadas, como las ocurridas durante este año, que reducen drásticamente la humedad del suelo y las posibilidades de encontrar alimento, lo que le obliga a realizar desplazamientos más largos y peligrosos fuera de sus territorios habituales, multiplicando los riesgos, como el peligro de atropellos en carreteras, una de sus principales causas de mortalidad.

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