El jabalí se ha consolidado como la presa principal del lobo en el parque nacional, según los datos mostrados por el estudio sobre la ecología trófica de este carnívoro que el CISE y la Universidad Autónoma de Madrid llevan desarrollando desde 2017.
Las poblaciones de jabalí del parque nacional muestran poblaciones con densidades medias, propias de la alta montaña, relativamente ajenas a los desequilibrios mostrados en otras zonas, con fuerte influencia humana, en forma de suplementación alimentaria, cerramientos con altas densidades o aprovechamiento cinegético dirigido a los ejemplares grandes y dominantes, que generan poblaciones desestructuradas y sobreabundantes. Este contexto privilegiado convierte al parque nacional en un escenario único para comprender el papel regulador que el lobo es capaz de desempeñar sobre las poblaciones de uno de los ungulados más abundantes y conflictivos de nuestra fauna.
El lobo durante estos años ha mostrado un comportamiento sorprendentemente estable con el tipo de presas consumidas, manteniendo la proporción de ungulados silvestres prácticamente invariable a lo largo de los nueve años de estudio. Esta estabilidad interanual refleja una notable consistencia en la estrategia trófica de la especie en el área de estudio, convirtiendo al jabalí, en la mejor herramienta disuasoria para evitar ataques al ganado y conflictos con este aprovechamiento tradicional.
El control que el lobo ejerce sobre las poblaciones de jabalí genera, además, otros importantes servicios ecosistémicos que a menudo pasan desapercibidos, reduciendo daños en ecosistemas frágiles y cultivos, minimizando el riesgo de transmisión de enfermedades y disminuyendo los accidentes de tráfico provocados por esta especie. El lobo, provoca un efecto muy diferente al de la caza, contribuyendo al equilibrio poblacional y saneando las poblaciones. La caza tiende a eliminar los ejemplares de mayor tamaño, los machos y las hembras dominantes, ejemplares que ejercen un control social sobre los más jóvenes, inhibiendo en ocasiones su acceso a la reproducción, suprimiendo la entrada en celo de las hembras jóvenes, por ejemplo. La eliminación selectiva de estos ejemplares por la actividad cinegética puede desestructurar las poblaciones y favorecer un aumento paradójico de la natalidad, mientras que la depredación natural por parte del lobo contribuye a mantener un equilibrio poblacional más estable y sostenible en el tiempo.


