En una entrada anterior anunciábamos una nueva colaboración del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama con el proyecto MERIDIAN, como parte de la Campaña Antártica Española. El trabajo de campo lo hemos realizado en la Península Byers, en las islas antárticas Shetland del Sur, un lugar de altísimo valor ecológico que condiciona de manera peculiar nuestra estancia y el trabajo científico.
Durante las dos semanas de estancia en el Campamento Byers hemos trabajado en cinco líneas de investigación. En primer lugar, hemos recuperado los sensores que habíamos dejado durante la campaña anterior en febrero de 2025 midiendo en los lagos. Estos sensores estaban ubicados a distintas profundidades en la columna de agua de varios lagos polares, por lo que hemos podido obtener datos de la temperatura y la concentración de oxígeno disuelto durante el periodo invernal antártico. Aunque todavía nos falta por analizar con detalle los resultados, esta información es muy valiosa porque el funcionamiento de estos ecosistemas acuáticos durante el invierno es poco conocido debido a que las campañas antárticas en estos lagos se han centrado hasta el momento casi exclusivamente en el periodo estival, cuando los lagos no están cubiertos por el hielo. Por ejemplo, en los lagos cuya superficie se congela durante el invierno es habitual que se produzca un agotamiento progresivo del oxígeno disuelto al quedar aislada la masa de agua de la atmósfera y consumirse el oxígeno durante la degradación de la materia orgánica. Ahora podremos conocer con detalle cómo es este proceso en estos lagos polares antárticos, y además compararlo con lo que ocurre en otras zonas frías o en alta montaña.
Como anécdota de la recuperación de estos sensores, al llegar a uno de los lagos más profundos nos encontramos que la boya de anclaje de los sensores había fallado y estos se encontraban en el fondo del lago. El problema era encontrarlos sin la referencia de la boya en la superficie. Gracias a una cámara subacuática colgada de un cable y a un sistema improvisado de múltiples ganchos sacados de la cocina del campamento y de las mochilas de porteo y, sobre todo, gracias a una infinita paciencia para localizar los sensores e intentar engancharlos desde una barca, conseguimos finalmente recuperar todos los sensores y los datos perdidos. La alegría de verlos finalmente en la orilla tras todos los esfuerzos realizados, tanto para dejarlos midiendo desde la campaña anterior como para recuperarlos en esta, fue indescriptible.
Tareas de búsqueda y recuperación de los sensores hundidos. Autor: Carlos Manso
Tras la recuperación de los sensores. Manuel Toro, izquierda, Ignacio Granados, centro, y Carlos Manso, derecha. Autor: Manuel Toro.
La segunda línea de trabajo ha consistido en la obtención de muestras de suelo en las vallas destinadas a retener nieve y así poder evaluar el efecto de la duración del manto nival sobre la microbiota del suelo. Con las cámaras automáticas y los sensores de temperatura y humedad de suelo instalados en la primera campaña hemos comprobado que la instalación funcionó perfectamente y, tal como esperábamos, la cobertura de nieve ha sido más prolongada a sotavento de la valla que a barlovento. El trabajo de campo ya está hecho, pero todavía queda un largo camino hasta poder identificar qué microorganismos están presentes en el suelo y qué genes se están expresando en respuesta a la diferente situación ambiental respecto a la comunidad microbiana del suelo que no ha estado influida por las vallas.
Una imagen de la cámara automática frente a la valla de retención de nieve, con mayor acumulación a sotavento. Fuente: MERIDIAN
Detalle del muestreo de suelos realizados durante el experimento de acumulación de nieve. Autor: Carlos Manso.
Nuestro tercer propósito de la campaña era tomar testigos de sedimento en los dos lagos en cuyas cuencas estaban colocadas estas vallas de acumulación de nieve, ya que los sedimentos de un lago actúan como un registro histórico de los cambios ambientales desde el mismo instante de la formación del lago. Para obtener los testigos hemos empleado un dispositivo en el que va alojado un tubo de 6 cm de diámetro y 60 cm de longitud que se clava en el sedimento desde una barca neumática. Para mejorar la penetración del tubo en el sedimento empleamos un martillo pilón incorporado en el propio saca-testigos. Posteriormente, ya en el iglú-laboratorio del campamento, hemos laminado esos testigos en pequeñas muestras de 3 mm de espesor, que son las que utilizaremos para realizar los distintos análisis para saber tanto la edad de cada lámina como las condiciones ambientales en las que se depositó el sedimento de cada una de ellas. Es un trabajo relativamente tedioso, muy repetitivo y que requiere la coordinación de todo el equipo para avanzar con cierta rapidez, pero también es un trabajo ideal para aprovechar un par de días de la campaña en los que los vientos de hasta 70 km/h nos han impedido salir a trabajar en el campo. Nuestro objetivo final es intentar relacionar los resultados del experimento del efecto de retención de nieve sobre la microbiota del suelo con los cambios ambientales ocurridos durante los últimos siglos en esta parte de la Antártida.
Un testigo de sedimento extraídos de uno de los lagos estudiados. Autor: Ignacio Granados
Laminado del testigo de sedimento en el iglú-laboratorio. Autor: Manuel Toro.
La cuarta línea de trabajo en la que hemos empleado parte de la campaña ha sido la toma de medidas de profundidad en multitud de puntos en cinco lagos distintos a los que ya prospectamos en la campaña anterior. Con estas nubes de puntos realizaremos las batimetrías de los lagos más importantes de la Península Byers, es decir, la obtención de mapas muy detallados de las profundidades de estos lagos con los que poder calcular importantes parámetros ecológicos como su volumen, su profundidad máxima y media o la relación entre el tamaño del lago y su cuenca. Para ello hemos utilizado nuevamente el prototipo de barco de modelismo de control remoto, al que hemos acoplado una ecosonda que va midiendo simultáneamente la profundidad y la posición exacta del barco.
El técnico del parque nacional desplazado a la Antártida (Ignacio Granados) con el barco de modelismo con ecosonda. Autor: Manuel Toro
Por último, nuestra quinta línea de trabajo ha sido evaluar la viabilidad de usar un carrito de transporte que permita desplazar la gran cantidad de material científico que necesitamos, lo que requiere gran cantidad de personal o numerosos porteos para alcanzar el lugar de trabajo, e incluso se ve imposibilitado si el material a transportar no es divisible en partes que pueda acarrear una sola persona. Recordamos que la Península Byers es un Área Antártica Especialmente Protegida en la que está prohibido el uso de vehículos y todo el material tiene que ser porteado con mochilas. El carrito que hemos propuesto está especialmente diseñado para poder moverse sobre superficies poco sólidas como arena o barro gracias a sus ruedas de baja presión, así como por zonas rocosas por su enorme resistencia a los pinchazos o cortes. En los trabajos de campo comentados con anterioridad el uso del carrito nos ha sido de enorme utilidad, pudiendo portear entre tan sólo dos personas lo que normalmente requeriría un equipo de seis personas. Pero además hemos realizado un ensayo para comparar científicamente el posible impacto sobre el suelo del uso del carrito frente al transporte tradicional con mochilas de un peso equivalente. Este ensayo ha consistido en pasar repetidas veces sobre unas parcelas experimentales con el carrito arrastrado por dos investigadores para compararlo con otras parcelas en las que pasan otros investigadores las veces necesarias para transportar el mismo peso. El grado de impacto lo evaluaremos con los datos de compactación del suelo medida cada cierto número de pasadas por la parcela, así como comparando la deformación que producen en el terreno ambas formas de transporte según el modelo 3D del suelo obtenido mediante fotogrametría antes del inicio del experimento y una vez concluidas todas las pasadas de ambos modos de transporte.
El carrito de transporte cargado con el material necesario en los muestreos. Autor: Ignacio Granados
Ensayo para evaluar el posible impacto del carrito. Autor: David Velazquez.
Una vez finalizado con éxito nuestro trabajo de campo, nos hemos trasladado a la Base Antártica Española, desde donde en breve podremos contar nuestro trabajo en esta segunda fase de la campaña.
Así que bye, bye, Byers.



