La presencia actual de cabra montés en la sierra de Guadarrama apenas tiene tres décadas. Durante la década de los 90, se llevaron a cabo introducciones de ejemplares procedentes de la sierra Gredos y Peña de Francia, en un proceso que comenzó en la vertiente madrileña del parque nacional, en la zona del Hueco de San Blas y finalizó en la parte segoviana, en los montes de Torrecaballeros. Hoy en día, la cabra montés es un símbolo del parque nacional, aunque su presencia histórica en este territorio esté llena de interrogantes.
Todo el mundo da por hecho que las poblaciones originales de cabra montés desaparecieron en la sierra de Guadarrama en épocas recientes, incluso existen diferentes documentos que sitúan su desaparición tras las guerras napoleónicas, durante la primera mitad del siglo XIX, pero lo cierto es que la mayoría de las referencias no parecen concluyentes ni están probadas.
La ciencia y los documentos históricos nos ofrecen pistas, pero también contradicciones. En el siglo XIX, los diccionarios de Madoz ya solo situaban a la cabra montés en Gredos, sin mencionar en ningún momento la sierra de Guadarrama. El gran zoólogo Ángel Cabrera, en 1914, tampoco la cita en la sierra. Sin embargo, retrocediendo en el tiempo hasta la edad media, encontramos menciones curiosas: el rey Enrique IV de Castilla, en el siglo XV, mandó construir cercados en Valsaín donde convivían ciervos, osos… y cabras monteses. Pero ¿estaban realmente libres o eran parte de una colección real acarreada de otros sitios?
La prehistoria tampoco aclara del todo el misterio. En la cueva del Reguerillo se hallaron restos fósiles de hace 30 000 años, pero no eran de nuestra cabra montés, sino de un íbice alpino, el Capra ibex matritensis, cuyo esqueleto completo se puede contemplar en el museo Geominero. En excavaciones recientes en los yacimientos del Calvero de la Higuera en Pinilla del Valle, sí parecen haber encontrado restos de Capra pyrenaica, aunque en niveles de hace 60 000 años, en la época glaciar, juntos con restos de rinoceronte de estepa, osos o hienas, que habitaban la zona en la edad del hielo.
Así que, por ahora, la historia de la cabra montés en Guadarrama sigue siendo un enigma. Lo que sí sabemos es que su regreso, impulsado por el ser humano, ha sido un éxito y hoy es parte indispensable de nuestro paisaje y de la identidad del parque nacional.


