El conjunto monástico presenta una planta de contorno irregular compuesta por varios grupos diferenciados: el claustro de los monjes, núcleo originario de la cartuja entorno al que se desarrollan las celdas; la iglesia ubicada al sureste de aquél, los aposentos reales y la zona dedicada a los frailes; situados a su vez en el ángulo sur, completan el conjunto distintos patios y dependencias. En 1954, la cartuja pasa a manos de los monjes benedictinos y comienza su rehabilitación y restauración. En el conjunto destacan la iglesia, claro ejemplo del gótico isabelino, el espectacular transparente, obra cimera del barroco decorativo en la que intervinieron los artistas más destacados de su época los arquitectos Francisco Hurtado, que lo diseñó en 1719, junto con Vicente Acero y Teodoro Ardemans; los escultores Sánchez Rueda, autor del baldaquino, y Duque Cornejo que realizó la magnífica imaginería que lo adorna y, finalmente, Antonio Palomino quien realizó los frescos de la cúpula, desgraciadamente perdidos. La Iglesia posee una sola nave, dividida en tres tramos. Al final del primero de ellos se sitúa una extraordinaria reja de hierro forjado y policromado de fines del siglo XV, realizada por el fraile cartujo Francisco de Salamanca. En la decoración del templo destaca especialmente el retablo, en alabastro, de finales del siglo XV y estilo gótico, que muestra diferentes escenas de la vida de Jesucristo y de la Virgen María con gran detalle y minuciosidad. Otro ámbito a tener en cuenta es el del claustro, verdadero corazón del monasterio pues en torno a él se organizaba la vida monástica, es una obra ejemplar del gótico flamígero realizada por Juan Guás entre 1484 y 1486. En la actualidad está dividido en dos zonas: la utilizada por los monjes y otra, que corresponde a la zona que era de dominio de los hermanos legos en la organización cartuja, que está ocupada por la hostería, bastante transformada con respecto a su primitiva distribución. El monasterio propiamente dicho, ha sido objeto de obras de restauración que han logrado recuperar gran parte de su antiguo esplendor. Recientemente ha sido objeto de una restauración en la zona del claustro y la panda este y oeste, donde se encontraban las celdas de los monjes. El claustro ha recuperado sus revocos originales y los cuadros de Carducho han vuelto a sus paredes después de un largo periodo de permanencia en el Museo del Prado. Los espacios de las celdas en la panda oeste han sido reestructurados para albergar un futuro museo.
Madrid | Rascafría | MAPA
Nivel de Protección: BIC, Bien de interés cultural
Tipo del bien: Inmueble | Categoría: Monumento
Elemento de interés: Arquitectura religiosa
La historia de este monasterio se puede agrupar en torno a tres ejes principales: El Paular-Cartuja (1390-1835), El Paular desamortizado (1835-1954) y el Paular recuperado para la vida monástica (1954-hasta la actualidad). La fundación de la Cartuja de Santa María de El Paular data de 1390. La casa de Trastámara le otorgó grandes privilegios y sufragó los gastos de las obras durante todo el reinado. Juan I comienza a erigir la primera cartuja de Castilla, donde ya existían unos palacios de caza que se citan en el Libro de la cetrería de Alfonso X y una ermita llamada Santa María del Pobolar. Así se levantó la primera cartuja de Castilla y sexta de las fundaciones cartujanas en España. Durante cuatro siglos y medio, El Paular se convirtió en una de las cartujas mejor dotadas, siendo objeto de sucesivas ampliaciones y remodelaciones, pero en 1835, la Ley de Desamortización terminaría con el esplendor económico y cultural de la cartuja, conllevando la dispersión de parte del archivo, de la biblioteca, de la pinacoteca y demás enseres. En 1876 fue declarado como Monumento Histórico-Artístico. El Paular se entregó en usufructo a la Orden Benedictina el 31 de Diciembre de 1948 «para instalar en él una Abadía, con Colegio de vocaciones y Casa Central de formación monástica para toda España y Monasterios de Ultramar: Chile, Islas Filipinas y Australia». La actual comunidad se instaló en 1954, comenzando su rehabilitación y restauración.



