El anillamiento de pinos y las cortas puntuales, selectivas y de tamaño reducido, liberan de competencia a bosquetes de frondosas autóctonas e imitan perturbaciones naturales de pequeña intensidad, dejando que la madera se muera y se descomponga dentro del monte, sirviendo de refugio y alimento a organismos descomponedores y fauna forestal, sin que haya una extracción de nutrientes del ecosistema.
La gran mayoría de los pinares del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama proceden de grandes repoblaciones que se hicieron el siglo pasado, sobre terrenos arrasados por el fuego, y la agricultura y ganadería de subsistencia. En la vertiente sur del Parque Nacional, estas repoblaciones se ejecutaron entre las décadas de los años 40 y 70, con la finalidad de mitigar de los procesos erosivos y aumentar la cantidad y calidad del agua que llega a los embalses madrileños. Este tipo de masa ha permitido la creación de un suelo más desarrollado y con más materia orgánica.
Al mismo tiempo, también hubo árboles centenarios que se salvaron de la mano del hombre, por encontrarse acantonados en zonas inaccesibles, convirtiéndose en fuentes semilleras para la dispersión de sus especies dentro de un pinar que les ofrecía protección. Pequeñas perturbaciones en el pinar que abrirían huecos, marras de la propia repoblación, etc. dieron la oportunidad a estas especies de ir expandiéndose poco a poco y crear pequeños bosquetes, en general de frondosas, que en la actualidad se encuentran constreñidos por la masa de pinar.
Se están realizando trabajos de corta o anillamiento de pinos, arizónicas y cedros que constriñen a estos bosquetes, como primera fase de su puesta en luz y fomento de su regeneración (vallado frente a fitófagos e incluso plantaciones de enriquecimiento) para dar paso a una masa más diversa y por lo tanto ecológicamente más estable.
Varios pinos anillados. Autor: PNSG
Además, estos bosquetes son reservorios de una alta biodiversidad, tanto de plantas como de animales, y de sus propágulos, que con el tiempo, se pueden dispersar por el pinar. Asimismo, fomentarán la evolución hacia bosques mixtos de frondosas y pinos, bosques más maduros y naturales.
Estas cortas puntuales, selectivas y de tamaño reducido imitan perturbaciones naturales de pequeña intensidad (derribos, roturas de pies, remolinos de viento, corros pequeños de enfermedades y/o plagas, etc) y suelen generar respuesta rápida de la vegetación liberada. La madera cortada o anillada se dejará en el lugar ya que se pretende imitar a la naturaleza. Solo se eliminará los restos forestales de pequeño diámetro (ramas, ramillas y acículas), puesto que son los que generan mayor peligro de incendio forestal. La madera de mayores dimensiones será alimento de los organismos descomponedores del bosque (insectos saproxilicos) no habiendo una extracción de nutrientes del ecosistema.
Claro en el pinar para fomentar el desarrollo de frondosas. Autor: PNSG
Debido al carácter piloto de esta experiencia en el parque nacional, aunque en el ámbito nacional ya hay experiencia contrastada (Life Red Bosques y Documento Técnico “Criterios de Gestión de Madurez Forestal”), se implementara un sistema de seguimiento, evaluación y control de las cortas realizadas, para determinar la respuesta de la vegetación, posibles apariciones de focos de plagas/enfermedades, grado de descomposición de madera, posible caída sobre sendas de árboles anillados, etc.
Con estos trabajos se pretende, además, alcanzar los siguientes objetivos:
Ejemplo de estas actuaciones son la apertura del cauce del arroyo de los Poyos en sus cotas superiores y puesta en luz de los abedules péndulos (Betula pendula), de gran singularidad a nivel local dentro del ámbito del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama; la clara de liberación de los temblones (Populus tremula var. villosa) del arroyo Bufarda; la puesta en luz de las encinas (Quercus ilex) de la senda PR-2 debajo de Cuatro Caminos y melojos (Quercus pyrenaica) centenarios que hay por encima de éstas; la conservación del hábitat prioritario de la turbera de Prao Poyos eliminando los pinos de borde que comienzan a colonizarla para favorecer la persistencia del junco lanudo (Eriophorum latifolium); la liberación de un aceral-fresneda dominada por pinar de repoblación en la umbría de la Camorza, o incluso la corta de abedules alóctonos asilvestrados en la Pedriza con riesgo de introgresión genética con los abedulares péndulos de este paraje.



