La cigüeña negra (Ciconia nigra) protagoniza nuestra entrada de octubre por ser una de las joyas aladas más esquivas y amenazadas que frecuentan el entorno del parque nacional y que en octubre nos abandona. La mayor parte de su población en la península Ibérica es estival, aunque cada vez más efectivos permanecen en invierno en las marismas del Guadalquivir y en algunos embalses extremeños. A diferencia de su congénere, la cigüeña blanca, esta especie destaca por sus hábitos marcadamente forestales, solitarios y extremadamente esquivos ante la presencia humana. Es un ave ligada a medios acuáticos, por lo que utiliza los cortados rocosos para la colocación de sus nidos, de tal forma que su área de distribución está asociada a los cursos de agua.
En el ámbito del parque, si bien tenemos constancia de su reproducción en la Zona Periférica de Protección (ZPP) al encontrar allí las condiciones de tranquilidad indispensables para nidificar, su hábitat favorable abarca tanto la ZPP como el parque nacional, ya que la especie utiliza ambos espacios para alimentarse. En la vertiente segoviana de la ZPP, durante la temporada 2026 está confirmada la presencia de una pareja reproductora que anidó en un pino silvestre y logró sacar adelante tres pollos. En la vertiente madrileña, aunque no está confirmada su reproducción, hay presencia de la especie de manera habitual.
La cigüeña negra está incluida en el Libro Rojo de las Aves de España 2021 en la categoría de VU, misma categoría de protección asignada en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Si consideráramos las poblaciones madrileñas como poblaciones aisladas deberían considerarse en peligro de extinción, como así lo refleja el Catálogo Regional. Por su parte, en Castilla y León se cuenta con el Decreto 83/1995, de 11 de mayo, por el que se aprueba el Plan de Recuperación de la Cigüeña Negra y se dictan medidas complementarias para su protección en la comunidad. Esta normativa establece tanto medidas de gestión como zonificaciones para la conservación de la especie.
Una de sus amenazas principales viene de la mano del cambio climático que cada vez ocasiona mayor estrés hídrico en muchos cursos de agua, arroyos o charcas esenciales para su alimentación, con periodos de sequía más frecuentes y duraderos. También se ha producido un aumento significativo de las molestias por actividades recreativas, como el baño o, en particular, por la apertura a la navegación turística de muchos tramos de ríos y embalses con presencia de la especie, hasta hace poco preservados de estas interferencias humanas. Como parte de las interferencias en el comportamiento de la cigüeña negra, también se encuentran los aprovechamientos forestales, por lo que se realiza una gestión activa del territorio sujeta a las correspondientes limitaciones tanto temporales como espaciales para evitar alteraciones de este tipo en su ciclo reproductor.


