El mortal empacho de sal de los Piquituertos

  • 27 Marzo 2020 |
  • Escrito por  Ignacio Granados y Juan Vielva

Durante el invierno, los trabajadores del Centro de Visitantes del Parque Nacional "Peñalara”, que suben al puerto de Los Cotos, observan frecuentemente numerosos Piquituertos muertos o agonizando en la carretera. Al parecer, esto se debe a un desgraciado comportamiento de estas aves, que acuden de forma compulsiva a la carretera por la acumulación de la sal que se emplea como fundente. Muchos de ellos acaban atropellados ya que apenas se asustan de los coches, e incluso regresan al mismo sitio aunque alguno de la bandada haya sido atropellado justo antes. En ocasiones, el emblemático Verderón Serrano se une a los Piquituertos en su banquete de sal.

Los ornitólogos ya habían descrito este comportamiento, incluso desde la década de los años 40 del siglo pasado, aunque no está del todo claro por qué lo hacen. Se ha sugerido que presentan un déficit en sodio debido a su dieta granívora, que intentan compensar mediante el consumo de la sal (cloruro sódico) que se esparce en las carreteras para fundir el hielo.

082 01 piquituerto atropelladoPiquituerto atropellado en la carretera. Autor: Genoveva Tenthorey

Realmente no sabemos cuál es la importancia real de esta mortandad respecto a la población total de Piquituertos de la Sierra de Guadarrama, pero desde luego supone un ejemplo paradigmático de las consecuencias imprevisibles o desconocidas que tienen algunas de nuestras acciones. En otra entrada de este blog ya avisábamos de la salinización crónica que estaba experimentando el arroyo de Navalmedio debido a su cercanía a la carretera y zona urbana del Puerto de Navacerrada. Nuestros estudios demostraban incrementos de sales hasta 70 veces superiores a los arroyos similares sin influencia de los fundentes invernales. Sin embargo los resultados indicaban que los invertebrados acuáticos, los que nosotros sospechábamos que podrían estar afectados por esta contaminación, no presentaban síntomas alarmantes. Pero nos equivocamos de grupo faunístico: son las aves las que estaban sufriendo el efecto de la sal en las carreteras.

Un paso más allá, la fauna silvestre no es la única que acude al reclamo de la sal. Todos los lugareños de la Sierra de Guadarrama saben que en invierno deben tener especial precaución al circular, ya que muchas veces se encuentran de manera inesperada con vacas y caballos lamiendo la sal de la carretera. No sería el primer accidente por esta causa y, desgraciadamente, no será el último si no le ponemos remedio. También los pinos de las márgenes se ven afectados por la sal que provoca la muerte, años tras año, de un buen número de ellos y que, en algunos casos, los temporales derriban sobre la carretera. Posiblemente algunos usuarios de la carretera M-604, en el tramo entre Rascafría y Los Cotos, recordarán unas esquelas verdes, pegadas en los fustes de los pinos secos del borde de la carretera, que rezaban: “Pino Muerto por la Sal”. Lo que expresaba la denuncia y la protesta de la Sociedad Anónima Belga de Los Pinares de El Paular, propietaria de la mayor parte del pinar que atraviesa la citada carretera.

082 02 sal carreteraSal en las carreteras de la Sierra de Guadarrama. Autor: Genoveva Tenthorey

Desde el antiguo Parque Natural de Peñalara primero, y desde el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama después, se plantearon varias propuestas para mitigar el problema en tanto se adoptara una nueva forma de luchar contra el hielo en las carreteras. Entre ellas eliminar las orlas de pinos en una banda de entre 15 y 20 metros, contados desde cada uno de los bordes de la carretera. En principio las orlas objeto de esta propuesta tenían que cumplir dos condiciones sine qua non. La primera, que existiera un segundo piso de frondosas capaces de sustituir, por existir pies arbóreos, o arbustivos de regenerado, a la la masa de pinar derribado; la segunda, que la cobertura de pinos proyectara sombra sobre la plataforma la mayor parte del día. Esta propuesta tenía como objetivo procurar la mayor insolación sobre la plataforma de la carretera, ya que las frondosas perderían la hoja en invierno y, además, se evitarían accidentes por derribos. Además, constituye también una faja preventiva de incendios.

Otra propuesta era la impermeabilización de las cunetas, dirigiendo la escorrentía hacia arquetas desaladoras, que suponía una inversión cuantiosa y cuyo funcionamiento dependía, también, de la forma actual de repartir la sal con abanicos de radio excesivo, que llegaba a laderas y taludes de la masa forestal.

Sabemos que, en numerosas partes del mundo, se han propuesto alternativas al cloruro sódico, aunque por el momento es difícil encontrar una solución plenamente satisfactoria. Parece claro que, al menos por ahora, la solución de este problema en el Parque Nacional pasa por una mayor coordinación con los responsables de la vialidad invernal, por reducir el uso de sal con criterios de ajustar su uso al mínimo imprescindible, de ensayar otras alternativas en puntos concretos con mayor salinización y por continuar evaluando la incidencia de este problema.

Los Piquituertos puede que solo sean la punta del iceberg.

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