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Del campo al teclado

A pesar de la crisis sanitaria originada por el coronavirus, desde el Parque Nacional seguimos adelante con nuestro programa de actividades de sensibilización ambiental, que llevamos a cabo los fines de semana y festivos. Por supuesto, hemos tomado todas las precauciones que las autoridades han establecido: uso obligatorio de mascarilla durante toda la actividad, grupos reducidos a lo que en cada momento determine la Comunidad de Madrid, mantenimiento de la distancia de seguridad, etc. Una de las medidas que también hemos tomado, y que supone una gran diferencia respecto al tipo de actividades que realizábamos antes de la irrupción de la pandemia, es la supresión de talleres y actividades de interior, especialmente de aquellas que supongan la manipulación de material por personas distintas al educador. Así pues, las actividades que en estos momentos estamos realizando consisten, básicamente, en itinerarios interpretativos y en actividades al aire libre.

Esto supone que, con más frecuencia que en circunstancias normales, parte fundamental del trabajo de los educadores ambientales consista en la preparación de nuevas actividades. ¿Cómo se prepara una actividad? ¿Qué criterios se siguen? Vamos a intentar responder brevemente a dichas preguntas en este artículo.

En primer lugar, conviene recordar que nosotros realizamos actividades de educación ambiental, no de senderismo. Esto quiere decir que nuestro objetivo es transmitir una serie de conocimientos, valores y actitudes hacia el medio ambiente, además de explicar las medidas de conservación que se están llevando a cabo. Así pues, no es un acercamiento deportivo o meramente lúdico al medio natural. Así que, la primera parte del trabajo consiste en determinar qué queremos transmitir en cada actividad y, en función de esto mismo, cuál es el lugar que mejor se adapta a las características que estamos buscando: flora, fauna, suelo, procesos ecológicos, patrimonio cultural…

044 01 TrackRecorridoGrabación de itinerario. Por supuesto, esto conlleva un trabajo serio de documentación y búsqueda en bibliografía o páginas web especializadas sobre el tema que queramos desarrollar. Por descontado, esta labor incluye la consulta con los compañeros de equipo, ya que, pese a que todos contamos con diferentes conocimientos sobre medio ambiente, cada uno tiene especialidades e intereses diversos.

Una vez que tenemos claro qué queremos transmitir y cuál es el lugar idóneo para ello, llega el momento del reconocimiento in situ de la zona.

Lo primero que tenemos en cuenta es el punto de encuentro, es decir, buscamos un emplazamiento al cual puedan llegar los participantes sin dificultad. Antes de comenzar a evaluar el itinerario, hay que comprobar el recorrido. Para ello, utilizamos herramientas como mapas de la zona o aplicaciones GPS. De esta manera logramos, por una parte, realizar la senda programada con la mayor exactitud posible y, por otra, grabamos el recorrido para que, en el trabajo posterior de oficina, podamos comprobar que la ruta inicial se corresponde con la realidad en el terreno. Además, resulta de gran utilidad añadir puntos de interés en el registro GPS para mantener actualizado el inventario de senderos del Parque, señalando las infraestructuras y equipamientos que sea preciso acondicionar o reparar.

Hay que tener muy presente que debemos ajustar las actividades a un tiempo determinado, que no puede ser excesivamente largo, para evitar perder el entusiasmo de los asistentes, al igual que tampoco puede ser muy corto, puesto que se pretende introducir unos contenidos de una forma amena. Para ello, evaluamos el recorrido y respondemos a preguntas tales como: ¿Dónde se pueden observar los contenidos? ¿Cuántas paradas son necesarias? ¿Cuánto tiempo nos ha llevado realizar el recorrido?

A medida que avanzamos en el itinerario y contestamos a las preguntas anteriores, es necesario realizar fotografías, que utilizaremos para recordar partes del trayecto y para la difusión de las actividades.

044 02 FotoEntornoToma de muestras fotográficas de los recursos disponibles en el entorno.

Por último, una vez terminado el trabajo de campo, hay que volver a la oficina con todos los datos recopilados para concluir el diseño de la actividad, conociendo el tiempo que nos lleva, dónde queremos realizar las paradas interpretativas y en qué punto la finalizaremos, en caso de que la ruta a realizar no sea circular. Una vez introducidos estos datos y redactado el guion de los contenidos, solo falta añadir una breve descripción junto con un título para nuestra programación. Por último, y a posteriori, una vez realizada la actividad, toca recibir las evaluaciones, sugerencias y comentarios de los participantes, para evaluar nuestro propio trabajo y mejorar aquellos aspectos que sean necesarios.

Carlos de Marcos
José Antonio Guerra
Educadores ambientales de los Centros de Visitantes del Parque Nacional


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