¡El monte está sucio!...

  • 06 Septiembre 2019 |
  • Escrito por  Javier Donés Pastor

Este comentario con el que titulo mi primera participación en el blog de nuestro Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama lo llevo escuchando desde hace un tiempo y, lógicamente, cada vez más. La afirmación proviene de personas y colectivos con muy diversas visiones de lo que es un bosque y con formación, interés o maneras de acercarse a este espacio distintas.

Cada vez más, mi contestación es que sí, el monte está sucio, y como gestor forestal de una propiedad incluida en el parque nacional, no dejo de ser uno de los culpables, pero consciente de ello y de la importancia que tiene en el logro de los objetivos del parque y de la conservación de los bosques en general. Además a estos logros estamos obligados por múltiples directivas europeas, leyes y normas.

Indudablemente esto de la suciedad del bosque, o lo que es lo mismo la existencia de madera muerta en diferentes estados, no deja de ser una cuestión cultural como lo es cualquier percepción del paisaje. Es difícil convencer a quien durante muchos años, desde su niñez a su madurez, tuvo que levantarse antes del amanecer para desplazarse por los bosques incluso a municipios vecinos para poder recoger leñas, copas u otras partes de los árboles. La leña era necesaria para poder calentarse, cocinar o ganar un sustento. Ver hoy tanto combustible en el suelo que antaño se aprovechaba debe desesperarle.

Otra parte de la sociedad está muy acostumbrada al bosque ajardinado. Donde solo están los arboles verdes y vigorosos y el suelo también verde y limpio. La hierba no muy alta segada por el adecuado pastoreo del ganado, nada de matorral y escasas posibilidades de evolución de la vegetación hacia otros niveles de diversidad.

El uso ha transformado nuestros bosques y no estamos acostumbrados a verlos de esta manera a la que nos lleva la ecología forestal.

028 01 umbria sietepicos stPanorámica del bosque con signos de madurez en la Zona de Reserva Umbría de Siete Picos (Segovia). Autor: Josep María Forcadell

Cuesta más entender este comentario de algunos profesionales con una adecuada preparación técnica y cultural, que deberían poder comprender que lo tradicional no siempre es lo adecuado y que las sociedades evolucionan y sus necesidades cambian. Cuando lo importante es comer y calentarse, es muy difícil en determinados ámbitos lograr la adecuada evolución en la conservación. Pero la sociedad española afortunadamente puede y quiere proteger y conservar sus bosques.

Si el principal objetivo de la declaración del parque nacional es el de su conservación, también deberemos lograr el mantenimiento de los bosques completos que tenemos y el acercamiento de otros tipos de masas forestales hacia ese modelo, dentro de lo posible.

Como bosque completo o maduro entiendo aquel que contiene todos los elementos del ciclo silvogenético: plantas herbáceas, matorrales, regenerados, pimpollos, arboles de diferentes especies, tamaños y edades, madera muerta, huecos, etc.

En el caso del pino silvestre, protagonista principal de los bosques del Guadarrama, la longevidad máxima alcanza entre 300 y 500 años. A partir de esta edad llega la muerte del pino, y no todos llegan tan lejos. Así, lo natural es la presencia de madera muerta en el suelo, estacas, árboles muertos en pie o desarraigados por el viento, ramas descuajadas, etc. Todo en diferentes tamaños edades y cantidades. De ello depende gran parte de la vida que en él se establece y desarrolla.

028 02 pino sietepicosTras la muerte del árbol, aparecen insectos que se alimentan en la corteza y debajo de ella. Encontrándonos posteriormente especies saproxílicas excavando en profundidad la madera, que poco a poco es consumida por los insectos y hongos. Más tarde, entran otros grupos que requieren madera podrida, ya sea para alimentarse o como refugio. Según progresa la descomposición, primero de la albura, otros insectos como las hormigas, larvas de moscas y mosquitos continúan el proceso. Al final, suele quedar el duramen con un elevado grado de humedad donde se encuentran miriápodos, lombrices algunos coleópteros y colémbolos. En esta última fase se consigue la humificación de los restos de la madera, reciclándose los nutrientes. Además, alrededor de toda esta diversidad biológica se encuentran sus correspondientes parásitos y depredadores. En las fases de madurez del arbolado, y tras su muerte en las primeras etapas de su reincorporación, sobre los arboles encontramos líquenes musgos, lianas, etc. También se crearán diferentes tipos de micro hábitats de los que dependen, ente otros, muchas especies de aves, como los pícidos o las rapaces nocturnas. También algunos mamíferos, entre los que debemos destacar los quirópteros. Dentro del parque nacional, en los Montes de Valsaín, podemos encontrar 22 de las 31 especies de murciélagos existentes en la península ibérica.

Por otra parte, los bosques maduros son más diversos en composición de especies y más heterogéneos en su estructura, por lo que son más resilientes ante perturbaciones como incendios, plagas o enfermedades, y se les otorga mayor capacidad de adaptación al cambio climático.

Dada la importancia que, como hemos visto, tiene en múltiples aspectos de la conservación y evolución adecuada de las masas forestales del parque nacional la existencia y la capitalización de la madera muerta, desde hace tiempo se procura la existencia de este elemento del bosque tanto en pie como en el suelo. En algunas zonas no se trata de no retirar ningún árbol muerto, sino por ejemplo de respetar los que más micro hábitats aportan.

La generación de madera muerta también podrá ser realizada mediante el apeo o anillado de ejemplares de especies alóctonas, no realizándose su extracción en caso de escasez de este elemento, o en masas provenientes de repoblación por ejemplo.

Para el final he dejado la cuestión de la cantidad. En una publicación que leí hace poco para trabajar en uno de los subprogramas de desarrollo del PRUG, los autores lo resumían de una manera muy simple, “cuanta más mejor”. El libro se titula "The afterlife of a tree” en referencia a todo lo que aporta tras su muerte un árbol. Su publicación se relaciona con acciones en defensa del Bosque y Parque Nacional de Bialowieza (Bielorrusia y Polonia), una de las mejores representaciones de los pocos bosques viejos y maduros que tenemos en Europa.

Gran parte de estas cuestiones sobre la madera muerta son de aplicación a la gestión de cualquier bosque y están expresadas en estas líneas del blog por alguien que está convencido de la necesidad de conservación de los bosques, tanto como de su correcto aprovechamiento. Cada cosa en su sitio y todas adecuadamente realizadas.

Debemos trabajar en trasmitir la necesidad de disponer de estos, para algunos, nuevos paisajes y que formen con el tiempo parte de los paisajes culturales de la sociedad del entorno del parque nacional, como ya forman parte de las de otros lugares.

Javier Donés Pasto

Director Centro Montes y Aserradero de Valsaín, Organismo Autónomo parques Nacionales. MITECO

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