La Pedriza, desde la barrera

  • 27 Septiembre 2017 |
  • Escrito por  Carmen Serrano

informando barreraControlar desde la barrera el acceso de los vehículos a La Pedriza o proporcionar información nos convierte un poco en estudiantes de sociología, ya que nos da la posibilidad de observar al visitante mientras se acerca para preguntarnos, por ejemplo, por qué no se puede pasar en ese momento, ya sea por desconocimiento de los nuevos horarios o al ser su primera visita. Sólo por la forma de caminar podemos presagiar su talante.

Bien es verdad que la mayoría acepta gustosamente las medidas adoptadas para proteger este maravilloso y singular paraje, con rango de Parque Nacional desde 2013, y se muestran conformes con las soluciones, y algunos incluso añaden un "¡ya era hora!". Aunque no podemos pasar por alto las sugerencias que nos hacen otros para ampliar el horario en los días de menor afluencia o que el bus-lanzadera haga más servicios y con más frecuencia. A todos ellos intentamos darles contentura ofreciéndoles las distintas alternativas en horario cerrado, según el perfil del visitante. Por ejemplo, en lugar de esperar dos horas a la apertura de la tarde, sugerimos caminar por la agradable senda de Quebrantaherraduras hasta Canto Cochino y regresar, gratis, en el bus-lanzadera.

Pero no podemos negar que también topamos con un perfil de visitante (los mínimos, eso sí) que sólo con la expresión del rostro sabemos su predisposición y antes de saludar nos increpa con un "¡vamos a ver!: ¿por qué no podemos pasar?" o "¿no tenéis otra cosa más importante que hacer? o "sólo sabéis fastidiar", a lo que intentamos dar respuesta de la forma más cortés posible y sin perder la compostura, lo que a veces nos resulta francamente difícil. No se lo tenemos en cuenta porque son muchísimos más lo que nos responden con un "!gracias¡! y una sonrisa, que para nosotros es más que suficiente.

informando cochesA los que sí dedicamos particular atención es a los que vienen por primera vez, y que captamos a la primera, para informarles de la prohibición del baño, de los horarios o dirigirlos al cercano Centro de Visitantes, donde reciben puntual información para descubrir La Pedriza en su significado más amplio.

Una mención especial para los más pequeños, porque deseamos que una excursión por estos lares se convierta en toda una aventura y motive sus ganas de repetir. Si observamos que alguno no se muestra muy animado para iniciar la marcha, le alentamos para ir a la vanguardia del grupo familiar y encontrar las marcas de la senda, además de estar atentos a las ardillas y a la variedad de pájaros, mariposas y otros pequeños animalillos que pueden cruzarse en el camino ¡Y qué gratificante es ver el cambio de actitud en sus caritas!

Ojo con las mascotas

El tema de los perros es más delicado. La primera reacción de sus cuidadores es soltarlos nada más cruzar la barrera, donde la mayoría se aleja a la carrera totalmente descontrolados. Intentamos que comprendan que los perros sueltos no solo pueden molestar, perseguir y atrapar a las distintas especies del Parque, sino por su propia seguridad; porque, al seguir su lógico instinto de rastreador, algunos se pierden. Incluso no es descabellado que se topen con alguna jabalina que al proteger a sus jabatos puede propiciar un encontronazo nada agradable para el can. Otro inconveniente es cuando se cruzan con corredores, que se quejan por tener que soportar la persecución y ladridos, o con ciclistas, que muestran su malestar ante lo arriesgado de la situación en los descensos.

Queremos recalcar que el perfil del visitante actual tras la prohibición del baño está más comprometido con el medioambiente y valora positivamente las medidas adoptadas para la recuperación del Parque, porque le permite disfrutar de los sonidos, olores y vistas que antes era casi imposible de apreciar con tanto trasiego de vehículos y personas.

Nosotros somos testigos directos de este cambio tan positivo, ya que en momentos de calma total tenemos el privilegio de contemplar de cerca especies como el arrendajo, el herrerillo y el lagarto verdinegro, que se aproximan con total confianza y tranquilidad. Este último ya recuperado tras perder su hermosa cola al ser atropellado por un coche que venía más rápido de lo debido. Estos tres amigos, a los que consideramos ya parte de la plantilla, nos proporcionan momentos tan fantásticos que compensan los momentos más tensos.

Al fin y al cabo, nosotros sólo somos meros invitados en un gran hábitat donde conviven desde siempre fauna y flora y, por tanto, debemos respetar su entorno. Si así lo hacemos, todos podemos disfrutar de La Pedriza en perfecta armonía.

Carmen Serrano

Informadora de los Centros de Visitantes del Parque Nacional

 

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